Mañanas de domingo

Y allí nos reencontrábamos
como cada domingo por la mañana
ella y yo.
Ella tan valiente
cruzaba la frontera de mis labios
pretendiendo acariciar gota a gota
y con gusto mis papilas.
Yo inhalaba su aroma a café
antes de beber de un sorbo
su estimulante dosis de cafeína.
Seguidamente, me vestía de adivina
pretendiendo leer mi futuro
hipotéticamente en su poso tatuado
¡ay pollito, la que has liado!
que tu vacío se llena de predicciones
desde que no estás a mi lado.

 

Tamara Camino.

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