Mañanas de domingo

Y allí nos reencontrábamos como cada domingo por la mañana ella y yo. Ella tan valiente cruzaba la frontera de mis labios pretendiendo acariciar gota a gota y con gusto mis papilas. Yo inhalaba su aroma a café antes de beber de un sorbo su estimulante dosis de cafeína. Seguidamente, me vestía de adivina pretendiendo…

Lluvia de meteoritos

Tú eras una partícula en suspensión dispersa en mi atmósfera. Tu amor fue la radiación ultravioleta que rompió mi capa de ozono agrietando mi corazón como a U2 si se fuera Bono. La lluvia de meteoritos que antes provocaba destellos y un inusitado brillo en mis ojos ahora desintegraba mis sueños mientras observaba esas caídas…

Estrellas.

Me recuerdo sonriendo, mi dedo índice viajando por el aire señalando al cielo, mis ojos viajando más allá de lo que eran capaces de percibir y tu mano abrazando a la mía. “Cuando estamos juntas, como esta noche, brillan las estrellas” . Pensabas que era una tontería, lo sé. Hasta que una noche las estrellas…

Respiración.

Aprendió a tomarse la vida con calma se sentó frente al mar, sonrió y respiró. De este modo sus pulmones con la inestimable ayuda de la tráquea por fin fueron capaces de inhalar sueños vestidos de oxígeno y exhalar, arrojando al vacío, sus miedos camuflados en dióxido.   TAMARA CAMINO.